Volver de las vacaciones navideñas siendo migrante: Cómo atravesar el duelo


Volver de las vacaciones navideñas siendo migrante suele ser uno de los momentos más duros del año. No solo regresas al país de acogida, también vuelves a activar emociones profundas que quizá habías logrado calmar durante tu estancia en casa.

Las semanas previas al regreso suelen estar llenas de anticipación y tristeza. Y cuando finalmente aterrizas, aparece una sensación conocida: cansancio emocional, nostalgia, desubicación… y la pregunta que duele en silencio:

¿Qué hago aquí?

Volver al país de acogida después de Navidad no es simplemente retomar la rutina. Es despedirte otra vez. Es dejar atrás a tu familia, tus costumbres, tu idioma, tu versión más conocida de ti misma. Por eso, aunque “todo esté bien”, el cuerpo y el corazón reaccionan.

Este regreso suele reactivar el duelo migratorio. No porque hayas retrocedido, sino porque el duelo no es lineal. Se activa especialmente cuando hay reencuentros, despedidas y contrastes emocionales fuertes.

Muchas mujeres migrantes se preguntan cuánto tiempo tardarán en volver a adaptarse a la rutina. La respuesta es: depende de cada persona y de cada proceso. Algunas tardan días, otras semanas. No hay una forma correcta ni un tiempo establecido.

Lo importante es comprender que volver a sentir tristeza no significa que tu decisión de emigrar haya sido un error. Significa que amas, que tienes raíces y que estás viviendo entre dos mundos.

Para acompañarte en este momento, Te recomiendo:

Retomar tus rutinas poco a poco, sin exigirte demasiado.

Darte permiso de sentir tristeza sin juzgarte.

Recordar por qué emigraste y qué has construido en el país de acogida.

Crear pequeños rituales de transición entre “allá” y “aquí”.

Buscar apoyo emocional si lo necesitas.

Volver de las vacaciones navideñas siendo migrante duele, sí. Pero también es una oportunidad para integrar tu historia completa, con lo que dejaste y con lo que estás construyendo.

No estás fallando por sentirte así. Estás atravesando un proceso profundo de adaptación. Y eso merece respeto, paciencia y mucha compasión hacia ti misma.

Tal vez no vuelvas igual después de cada despedida, pero cada regreso te enseña a habitar dos mundos con más conciencia y amor.

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