
Volver de vacaciones y sentir tristeza puede resultar desconcertante. Ya estás nuevamente en tu casa, deshiciste la maleta, regresaste al trabajo y retomaste tus horarios… pero tú no te sientes igual.
Quizá estás más sensible.
Lloras por cualquier cosa.
Una canción, una fotografía, un mensaje, una llamada o simplemente entrar a casa y recordar que hace unos días estaba llena de tu familia.
Y entonces aparece la pregunta:
¿Por qué estoy así si?
Porque regresar físicamente no significa regresar emocionalmente
Cuando vivimos lejos de nuestro país, visitar a nuestra familia puede ser mucho más que unas vacaciones.
Durante unos días recuperamos algo que extrañamos durante todo el año: abrazar a nuestra gente, comer nuestra comida, caminar por lugares conocidos, escuchar nuestro acento y sentir que pertenecemos.
Y después llega la despedida.
La maleta vuelve a llenarse, el aeropuerto vuelve a aparecer y otra vez tienes que decir adiós.
Por eso, cuando regresas al país donde vives, no solamente estás volviendo de unas vacaciones.
También estás atravesando una nueva despedida.
Y esa despedida puede reactivar el duelo migratorio.
Volver a la rutina puede sentirse pesado
De repente tienes que volver a trabajar, hacer la compra, cocinar, cumplir horarios, responder mensajes y ocuparte de todas esas cosas que forman parte de tu vida cotidiana.
Pero por dentro estás triste.
Y cuando estás emocionalmente removida, hasta las cosas más sencillas pueden costarte más.
Quizá incluso aparezca ese pensamiento tan conocido:
Ya debería estar bien.
Pero ¿Quién dijo que tienes que estar bien inmediatamente?
No estás retrocediendo.
No significa que no te hayas adaptado.
No significa que quieras abandonar tu vida aquí.
Y tampoco significa que emigrar haya sido un error.
Estás atravesando una despedida.
Date permiso para volver poco a poco
Después de tantos años viviendo fuera, he aprendido que necesitamos un período de transición.
No podemos pretender que nuestro cuerpo y nuestra cabeza vuelvan automáticamente al mismo ritmo después de una experiencia emocional tan intensa.
Así que, si acabas de regresar de visitar a tu familia, quizá puedas darte unos días para aterrizar.
Baja un poco la exigencia.
Descansa.
Habla con alguien.
Escribe lo que estás sintiendo.
Mira las fotografías si necesitas hacerlo.
Llora si tienes ganas.
Y, sobre todo, no te juzgues por echar de menos.
Puedes estar triste y seguir adelante
Esta es una de las cosas que más me gustaría que recordaras:
Puedes extrañar a tu familia y querer tu vida aquí.
Puedes llorar y seguir trabajando.
Puedes sentir nostalgia y disfrutar de tu día.
Puedes echar de menos México, Colombia, Argentina, Venezuela, Perú o cualquier lugar al que llamas casa… y al mismo tiempo sentir que has construido una vida importante en otro país.
No tienes que elegir.
La migración muchas veces nos enseña precisamente eso: que nuestro corazón puede tener más de un hogar.
Así que si acabas de regresar y hoy te sientes triste, no te apresures a quitarte esa tristeza de encima.
Tal vez no necesitas estar bien.
Tal vez simplemente necesitas tiempo para volver a ti después de la despedida.
Porque tu cuerpo ya volvió.
Tu corazón quizá necesita un poco más de tiempo.
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