
Cuando vivimos lejos de nuestro país, organizar las vacaciones puede convertirse en todo un dilema emocional. Las vacaciones lejos de casa pueden ser una oportunidad para descansar y conocer lugares nuevos, pero también pueden despertar nostalgia y culpa.
Tengo mucha curiosidad: ¿ustedes cómo se organizan? ¿Viajan a su país? ¿Van unos días con los suegros? ¿Se quedan en casa? ¿Aprovechan para hacer algún viaje?
Les confieso algo como mujer migrante: una parte de mí quiere conocer lugares nuevos, pero otra siente culpa cuando no voy a visitar a mi familia.
Y entonces aparece esa conversación interna:
«Ve a ver a tu familia. Hace mucho que no abrazas a tu sobrino y que no ves a tus hermanas. El año pasado no fuiste… ¿y si este año sí vas?»
Pero después llega el golpe de realidad: el presupuesto, el trabajo, el cansancio de la rutina… y también las ganas de conocer un lugar nuevo.
Y todas esas razones son válidas.
Vivo en Barcelona y en verano hay muchísimo ambiente: la playa, los paseos, las terrazas y esa energía de que todo el mundo parece estar disfrutando del buen tiempo.
Aunque también les confieso algo: el calor de agosto me parece HORRIBLE. 🥵
En España, las vacaciones de verano son casi un ritual. Mucha gente cuenta los días para que llegue agosto, hacer las maletas y olvidarse del mundo.
Pero este año me toca disfrutar de mis vacaciones aquí.
¿Y México?
Obviamente me gustaría visitar México más seguido. Extraño muchísimo a mis hermanas y hay épocas del año en las que la nostalgia me pega más fuerte.
Por eso intento viajar en diciembre. Para mí, las fechas familiares son las que más me mueven emocionalmente.
Pero después de 19 años viviendo fuera he aprendido algo: no todas las vacaciones tienen que ser iguales.
Hay años en los que necesitamos volver a nuestras raíces y abrazar a nuestra familia. Y hay otros en los que necesitamos descansar, desconectar o crear nuevos recuerdos con nuestra pareja y nuestra familia de este lado del charco.
No existe una decisión perfecta
Vivir lejos de casa también significa aprender a convivir con la culpa.
He aprendido que no debo culparme por no regresar cada vez que tengo vacaciones. Tampoco tengo que justificar mis ganas de conocer otros lugares.
No existe una decisión perfecta. Existe la decisión que tiene más sentido para ti en ese momento de tu vida.
A veces necesitamos volver.
Otras veces necesitamos quedarnos.
Y ambas decisiones están bien.
Porque migrar también significa aprender a disfrutar de la vida que estamos construyendo, sin sentir que por hacerlo estamos dejando de amar la vida que dejamos atrás.
¿Y tú? ¿Qué vas a hacer este verano? ¿Volver a tu país, quedarte o descubrir un nuevo destino?
¿Quieres seguir profundizando en este tema? No te pierdas: https://cindycoach.com/2026/06/15/las-vacaciones-de-verano-como-migrante-entre-la-culpa-la-familia-y-las-ganas-de-viajar/
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