Microduelos migratorios: las pequeñas pérdidas de emigrar que nadie ve

Cuando hablamos de duelo migratorio, solemos pensar en las grandes despedidas: dejar a nuestra familia, nuestros amigos, nuestra casa y todo aquello que conocíamos.

Pero hay otras despedidas mucho más silenciosas.
Son esas pequeñas pérdidas cotidianas que pasan casi inadvertidas, que quizá no contamos a nadie y que, sin embargo, pueden despertar una profunda nostalgia.

Son los microduelos migratorios: esas pequeñas despedidas de la vida que conocíamos y que forman parte de nuestra experiencia de vivir lejos de casa.
Las pequeñas cosas que también extrañamos al emigrar
Extrañas el olor del pan recién hecho de tu panadería favorita. Ese olor que antes formaba parte de tu rutina y al que probablemente nunca prestaste demasiada atención.
Extrañas poder contar un chiste en tu idioma y que todo el mundo se ría sin tener que explicar el contexto, el doble sentido o por qué era gracioso.
Extrañas los domingos familiares. Esas comidas que quizá antes te parecían rutinarias y que ahora se convierten en fotografías que miras desde la distancia.
Extrañas los sabores que tu paladar reconoce desde siempre. Porque puedes encontrar comida de tu país en el extranjero, pero hay sabores que nunca saben exactamente igual.
Extrañas a tu mascota, al señor de la tienda que ya te conocía, los colores de tu ciudad, sus olores, sus sonidos y hasta esas pequeñas costumbres que antes te parecían insignificantes.

Y quizá lo más curioso es que no siempre sabes explicar por qué te sientes triste.
Porque, después de todo, ¿cómo le explicas a alguien que extrañas el olor de una calle?
¿Cómo explicas que te hace falta escuchar tu acento sin tener que esforzarte para entender a los demás?
¿Cómo explicas que extrañas una vida cotidiana que antes ni siquiera te detenías a observar?
¿Por qué estas pequeñas pérdidas nos afectan tanto?
Porque no estamos extrañando solamente un lugar.
Estamos extrañando una forma de vivir, de relacionarnos y de sentirnos parte de algo.
Esas pequeñas cosas estaban conectadas con nuestra historia, nuestros recuerdos y nuestra identidad.

Cuando emigramos, muchas de ellas desaparecen de nuestra cotidianidad y tenemos que aprender a construir nuevas referencias en un entorno diferente.
Y aunque parezcan pérdidas pequeñas, cuando se acumulan pueden hacernos sentir que algo de nuestra vida anterior se ha quedado lejos.
No tienes que minimizar lo que extrañas
A veces nos decimos:
«Bueno, tampoco es para tanto».
«Hay cosas peores».
«Debería estar agradecida por la vida que tengo aquí».
Pero una cosa no invalida la otra.
Puedes estar agradecida por tus oportunidades y extrañar profundamente las pequeñas cosas de tu país.

Puedes disfrutar de tu nueva vida y sentir nostalgia por lo que ya no está.
No necesitas justificar tu tristeza ni compararla con la de otras personas.
Porque a veces no extrañamos un país entero. Extrañamos la vida que teníamos dentro de él.

Y tú, ¿qué pequeña cosa de tu país extrañas y que probablemente nadie imaginaría

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